El
auge de la fotografía coincidió en París con el esplendor de los globos
aerostáticos. Los hermanos Godard tenían a la ciudad
sin aliento, y con el cuello torcido, gracias a sus proezas aéreas y Nadar
sucumbió ante esta fiebre. Se propuso llevar su cámara a los cielos, pero sus
primeros intentos de foto aerostática fracasaron. Recién en la primavera de
1856 pudo sorprender al público con sus primeras vistas aéreas. El entusiasmo
de Nadar
se infló tanto, que se mandó a construir un globo con una hélice y 20
kilómetros de seda. Era el globo más grande del mundo y lo llamó "El Gigante",
y el 4 de octubre de 1863, todo París fue a presenciar el acontecimiento que
fue un fracaso. El 18 de octubre Nadar
volvió a la carga, esta vez acompañado por su mujer y un grupo de amigos. El
globo voló hasta Hanover, donde aterrizó tan mal, que por un pelo no murieron
todos. Pero siguió intentándolo, hasta que sus esfuerzos por hacer volar a su
armatoste le consumieron toda su fortuna.
El
propio Julio Verne, otro amigo, lo defendió en un artículo titulado A propósito
del Gigante. Y al ejército francés le interesó que fotografiara desde arriba
posiciones alemanas. Uno de los protagonistas de De la Tierra a la Luna, que
Verne escribió en el ’65, es Michele Ardan. Ardan podría ser el anagrama de
Nadar. Es un aventurero, loco y lúcido a la vez. Un libre francés en un país
muy norteamericano. Llega allí tras una guerra de secesión, cuando el Gun-Club,
fabricante de cañones, decidió invertir recursos ociosos en el envío de un
proyectil a la Luna. Ardan quiere viajar. Verne lo describe como un león de
melena colorada. “Sin dudas, se encontraba en el cráneo y en la fisonomía de
aquel personaje los signos indiscutibles de la combatividad, es decir, el valor
en el peligro y la tendencia a sobrepujar los obstáculos; los de la
benevolencia y los de apego a lo maravilloso”, agrega.
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